jueves, 23 de febrero de 2017

Gesta capitalina de Julián de Antonio de Pedro

Julián de Antonio de Pedro, al que tres santos benditos abanderan y escoltan como protectores ángeles guardianes, me ha encomendado que presente al respetable público su “Gesta Capitalina”, sátira urbanística en román paladino, referida, está claro, a Madrid, “regia urbis” y rompeolas de todas las Españas en la que tantísimos segovianos residen, trabajan y se miran como en un espejo de grandeza monumental y cultural.

Se trata de un conjunto original aquilatadamente trazado y resuelto con brillantez, lo que ya demostró en EL BRUJO DE CARRAZANZALES, EL TALLER DE MALASAÑA Y SARA Y LA ORGÍA URBANÍSTICA DEL KM.0. Es decir que se debate y mantiene “entre el asfalto como escenario principal y la Sierra de Guadarrama como telón de fondo”, según sus propias palabras.

Esa obsesión por desentrañar Madrid y ponerlo a disposición de los ciudadanos le persigue a Julián desde que abandonó La Velilla-Pedraza nativa y se afincó en 1971 en el Ayuntamiento de la Capital con diversos cargos de responsabilidad sobre la administración del suelo y la planificación urbanística de la megalópolis.

Julián escribe derecho con renglones torcidos, Julián nos hace malabarismos y nos deja pendientes de su magia retórica, Julián escribe con pulcritud y precisión, con datos exactos, con opiniones fundadas y provechosas, con un humor soterrado, sencillo, balanceándose con ironía desde el administrativo aparejador que fue al simple y honrado peatón o automovilista que sigue siendo consumidor necesario de las tiendas y mercados de la urbe, así como de sus bienes culturales y sociales.

Hay que ordenar Madrid ( y no solo ordeñarlo…), afirma con retranca pueblerina.

Gesta capitalina” describe el maremágnum diario de los distintos barrios en redondos octosílabos perfectamente medidos y rimados, cuya gracia a los ojos y oídos transmite con la justeza y sonoridad inherentes a la composición más metrificada del idioma español: el romance épico, de venerable uso y tradición: Cervantes, Lope, Góngora, Zorrilla, Lorca, Valle Inclán, Juan Ramón…

Y lo que da mayor ligereza al texto o trama es la forma dialogada en que se desenvuelve, capítulo a capítulo de los siete en que lo divide, y que imitan los días que Dios empleó para coronar la Creación del mundo.

Puede que la epopeya de Julián esté a la altura del “Cantar de Mío Cid”, aunque les separe una distancia secular. El Bien y el Mal siempre enfrentándose, siempre a la gresca, con las espadas de la demagogia desnudas, brillantes, haciendo sangre contra el contrario. Dios y Luzbel o Beliar y no sé cuántos demonios o diablos más que cita el autor –Satán o Satanás, Apollyón, Belcebú, Cojuelo-… mano a mano por una cuota de terreno nunca neutral.

El bueno de Julián, usando la táctica de los animales en sus fábulas humanas, juega al fútbol con la construcción de la ciudad, usa al ratón y al gato, satiriza, regatea, lanza balones fuera, coquetea con la pelota sin soportar a los pelotas, centra y mete gol o se sale por la banda, da una de cal y otra de cemento armado; ensalza a uno y abate otro, según y cómo; alaba las buenas intenciones y pretensiones de los jerarcas en sus planes, cinco, encargados a arquitectos de notoria y prestigiosa competencia, pero fustiga su realización mezquina, que recorta las zonas jardineras y las de utilidad cultural y educativa.

Lo de que los edificios “no rebasaran la copa de un sauce o un álamo” según pedía la florida Reina Isabel II en el primer ensanche capitalino, no se llevó a término, ni en los posteriores planes benéficos tampoco. “Las promesas políticas se hacen para no cumplirlas”, lo dejó escrito el “bandolero” alcalde Tierno Galván, que bendecido sea por sus inmarcesibles bandos y bandas.

Ya puede figurar con dignidad este vademécum, guía y crónica de Madrid entre las más consultadas y seguidas, como “Elucidario de Madrid”, de Ramón Gómez de la Serna (ingeniosísimo), y las obras de los historiadores y cronistas que le han dado lustre, como Mesonero Romanos, Amador de los Ríos, Don Ramón de la Cruz, Juan López de Hoyos, Enrique de Aguinaga, Paco Puch, etc, etc.

Todo sea para que los segovianos de la diáspora y los transeúntes circunstanciales que la visitan se sientan a gusto en la capital del Reino de España, que en un tiempo no demasiado lejano fue salvada y recuperada por insignes paisanos.

 

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miércoles, 22 de febrero de 2017

Esta máquina del cuerpo


Esta máquina del cuerpo
que a veces no funciona.
Esta carreta de dos tiros largos
que en un barrizal se enfonda.
Esta mezcla de carne, hueso y nervios
que día a día se me desmorona.
Este potro mortal sobre la tierra,
que bufa, suda y se desenamora…
es lo poco que albergo en tanto el alma
le habita aunque es su cárcel y mazmorra.
Perdonadme que escriba estas tristezas,
pero es que me subleva la memoria
del tiempo más feliz que antes viviera
y que se fue como una sombra.
Hay que engrasarla, hay que rodarla,
hay que forzarla aunque no quiera ahora
que la sabiduría acumulada
se expande por la red de la robótica
despojando a la vida
del corazón que la ilusiona.
Sin corazón… ¿qué hacemos?,
¿adónde vamos sin su acción motora?
Señor, Señor, la humanidad
está sumida en la congoja.
Señor, Señor…
tiende tu mano acogedora.


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